Las ciudades afrontan el desafío de equilibrar inversión tradicional y tecnologías disruptivas para la movilidad

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Las principales ciudades del mundo se encuentran en una encrucijada estratégica al intentar forjar un futuro de movilidad urbana verdaderamente sostenible. El equilibrio entre la inversión en infraestructura de transporte tradicional, como el transporte público y los carriles bici, y la adopción de tecnologías disruptivas, como los vehículos autónomos o la infraestructura de recarga de vehículos eléctricos (VE), se ha convertido en el principal desafío para alcanzar altos estándares de calidad en este ámbito. De acuerdo con el Informe de Movilidad realizado por el Oliver Wyman Forum y la University of California, Berkeley, solo un puñado de metrópolis consigue aunar resultados sólidos en las tres dimensiones cruciales del Índice de Preparación para la Movilidad Urbana: Adopción Tecnológica, Transporte Público y Movilidad Sostenible.

El estudio pone de manifiesto que ninguna ciudad posee actualmente un ecosistema perfectamente balanceado, aunque las urbes que encabezan el índice global son aquellas que demuestran una estrategia integral, invirtiendo de manera consistente en la mejora de la eficiencia del sistema y en la integración de tecnologías de vanguardia.

Diferencias regionales a nivel de inversión

El análisis revela un claro desequilibrio regional en las prioridades de inversión que marcan las tendencias actuales de la movilidad. Por un lado, Europa se posiciona como líder en los subíndices de Transporte Público y Movilidad Sostenible, destacando por su robusta infraestructura establecida y sus firmes políticas de descarbonización. Ciudades como Helsinki y Copenhague son ejemplos de este enfoque, con amplias zonas libres de automóviles, redes de ciclismo extensas y sistemas de transporte público operativo las veinticuatro horas. Sin embargo, este liderazgo en sostenibilidad se ve a menudo mitigado por un rezago en la adopción tecnológica, con casos como la inversión en ecosistemas de innovación o la reducción de incentivos para la compra de VE en algunas ciudades, como Copenhague o Múnich.

En contraste, América del Norte y Asia Pacífico lideran el subíndice de Adopción Tecnológica, priorizando la inversión en soluciones emergentes. San Francisco, que ocupa el primer puesto global y en Adopción Tecnológica, es el paradigma de esta estrategia, con fuertes inversiones en infraestructura de carga para VE, vehículos autónomos y robótica-taxis, si bien debe aún densificar su infraestructura de transporte público y ciclista para equipararse a sus pares europeos en sostenibilidad. De forma similar, Los Ángeles se enfoca en la innovación con la movilidad aérea urbana y la infraestructura de carga de VE, a pesar de su histórica dependencia del coche privado. En Asia, metrópolis como Beijing y Shanghái están a la vanguardia en tecnología de vehículos eléctricos, conectados y autónomos, pero enfrentan carencias en la infraestructura dedicada a peatones y ciclistas, y en la asequibilidad del transporte público.

Priorización estratégica

Ciudades de alto rendimiento global, como París y Singapur, están trabajando activamente para integrar ambas prioridades. París, en el segundo puesto, ha fortalecido su infraestructura de movilidad activa con grandes inversiones en ciclismo y peatones, sumadas a la excelencia de su sistema de metro, beneficiándose de proyectos a gran escala como el Grand Paris Express. Sin embargo, se le insta a acelerar la inversión en puntos de recarga para VE. Por su parte, Singapur, referente en Transporte Público, está integrando tecnologías mediante la expansión del tránsito autónomo, aunque también necesita mejorar su infraestructura de carga de vehículos eléctricos para alcanzar a los líderes tecnológicos.

Tal y como recoge el informe, la clave para una movilidad urbana sostenible reside en la priorización estratégica. Aquellas ciudades con una base sólida de transporte público y un enfoque sostenible bien establecido, principalmente en Europa, deben dirigir ahora sus recursos a la Adopción Tecnológica, incluyendo la automatización y la infraestructura de carga. A la inversa, los centros de innovación tecnológica, como San Francisco o Los Ángeles, están obligados a realizar inversiones consistentes en la infraestructura fundamental de movilidad, como carriles para bicicletas, pasarelas peatonales y la densidad de estaciones, para garantizar que los avances tecnológicos se traduzcan en un sistema de transporte verdaderamente accesible y sostenible para toda la población.