La electrificación a dos velocidades en España: auge en turismos y olvido en el transporte profesional

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La percepción general es que la electrificación de los vehículos en España avanza a un ritmo imparable. Cada mes, los titulares celebran nuevos récords de ventas de coches eléctricos e híbridos, pintando un cuadro de éxito y progreso hacia un futuro más sostenible. Sin embargo, esta imagen, aunque positiva, es solo una parte de la historia.

La realidad es que España vive una electrificación a dos velocidades. Mientras que el segmento de los turismos vive una auténtica revolución, los sectores del transporte comercial e industrial se han quedado atrás. Esta disparidad crea una brecha crítica en la estrategia de descarbonización del país, poniendo en riesgo los objetivos a largo plazo.

El segmento de los turismos es, sin lugar a dudas, el principal motor de la electrificación en el mercado automovilístico. Los datos de matriculaciones de octubre, proporcionados por Faconauto, Ganvan y Anfac, son contundentes: las ventas de turismos electrificados (eléctricos puros e híbridos enchufables) alcanzaron las 21.687 unidades, logrando una cuota de mercado del 22,4% gracias a un extraordinario crecimiento del 119%. En lo que va de 2025, las ventas ya han duplicado las del año anterior, acaparando el 19% del mercado total. Tanto ciudadanos como empresas apuestan por estos modelos, relegando al diésel a una posición que ya se considera residual en este segmento y permitiendo que el sector supere incluso los niveles previos a la pandemia de 2019.

La reducción de emisiones ya es una realidad medible

Este auge en la venta de turismos electrificados tiene una consecuencia directa y demostrable: una reducción significativa de las emisiones de CO2 de los vehículos nuevos. El impacto es tangible y medible, pues las emisiones medias de los coches vendidos en octubre cayeron hasta los 100,2 gramos de CO2 por kilómetro, un 13,6% menos que en el mismo mes del año anterior. La media acumulada para todo el año 2025 se sitúa en 104,6 g CO2/km, lo que supone una reducción del 10,7% respecto al mismo periodo de 2024. Estos datos son la prueba fehaciente de que la apuesta por la electrificación en el transporte personal está dando frutos medioambientales concretos y cuantificables.

Los comerciales siguen dependiendo del diésel

En marcado contraste con los turismos, el segmento de los vehículos comerciales ligeros presenta un panorama completamente opuesto. Sin embargo, este éxito en el transporte personal enmascara un fracaso alarmante en el sector profesional, un área cuya dependencia del diésel amenaza con anular los avances conseguidos. Aquí, la electrificación representa un ancla que inmoviliza el progreso de la descarbonización nacional.

En la práctica, esto se traduce en que el diésel sigue representando más del 90% de las ventas en esta categoría. A este ritmo, es una certeza que el segmento no podrá cumplir con los objetivos de reducción de emisiones fijados para el año 2030.

El abandono del transporte industrial y de pasajeros

Si la situación de los vehículos comerciales es preocupante, la de los vehículos industriales (camiones) y el transporte de pasajeros (autobuses y autocares) es aún más crítica. Este sector, fundamental para la economía, se ha quedado completamente descolgado de la transición energética. La falta de impulso es palpable: las matriculaciones de vehículos industriales, autobuses, autocares y microbuses registraron un leve descenso en octubre, con un retroceso del 0,5%.

Dos factores clave explican este abandono. En primer lugar, el sector no ha recibido ningún tipo de ayuda o plan de subvenciones desde abril de 2024. Como resultado directo, sus posibilidades de alcanzar los objetivos de descarbonización son incluso menores que las de los vehículos comerciales ligeros.