Elena Peyró, CEO de Joinup, defiende en esta entrevista una transformación profunda de la movilidad corporativa hacia modelos más eficientes, digitales y sostenibles. Desde su experiencia al frente de la compañía, pone el foco en la gestión integral de los desplazamientos de empresa y en el impulso de soluciones como el carpooling, que permiten reducir costes, emisiones y congestión, al tiempo que mejoran la experiencia de los empleados en sus viajes diarios.
Nueva Movilidad.- La nueva Ley de Movilidad Sostenible incluye los Planes de Movilidad Sostenible al Trabajo para empresas de más de 200 trabajadores en plantilla. Estos planes contemplan, entre otras opciones, el carpooling corporativo. Como expertos en movilidad corporativa, ¿cree que las empresas españolas están preparadas para este cambio? ¿Y sus trabajadores?
Elena Peyró.- Creo que estamos en un momento de cambio real. Más que preguntarnos si las empresas están completamente preparadas, la clave es entender que ya no pueden posponerlo. La movilidad de los empleados ha dejado de ser una cuestión operativa para convertirse en un elemento estratégico que impacta directamente en las emisiones, en la eficiencia y en la calidad de vida de las personas. La ley llega, por tanto, en un momento oportuno porque obliga a ordenar algo que ya era necesario abordar con más rigor y con una visión más estructural.
Muchas compañías están concienciadas, aunque no todas tienen el mismo grado de madurez. Existe interés, pero también cierta incertidumbre sobre cómo aterrizar estos planes en la práctica y cómo convertirlos en algo realmente operativo. Por eso es fundamental pasar del discurso a los datos y diseñar soluciones adaptadas a cada realidad, porque no hay dos empresas iguales ni dos patrones de movilidad idénticos.
En cuanto a los trabajadores, la receptividad suele ser alta cuando las alternativas son realmente útiles, como ocurre con nuestro servicio de carpooling corporativo, que permite a los empleados compartir su coche en los viajes recurrentes y diarios al trabajo.
Por eso creo que el problema no es cultural, sino de diseño. Si la solución es sencilla, cómoda y aporta valor en el día a día, se adopta con naturalidad. De hecho, cuando se elimina fricción, la respuesta suele ser más rápida de lo esperado. Esto sucede especialmente cuando la empresa combina distintas soluciones de movilidad de forma inteligente, también con servicios profesionales ya consolidados como el taxi, cuando aportan eficiencia y confianza.
NM.- ¿Qué herramientas considera que son necesarias para instaurar de manera efectiva el carpooling en las empresas?
E.P.- Para que el carpooling funcione de verdad, lo primero es contar con una tecnología que no complique la vida al usuario. El empleado tiene que poder encontrar fácilmente opciones compatibles, organizar sus trayectos sin problemas y entender de forma clara qué gana con ello. Si el proceso es complejo, la adopción cae.
A partir de ahí, el dato es clave. Las empresas necesitan medir uso, ahorro, emisiones evitadas y eficiencia para poder gestionar la movilidad con criterio y tomar decisiones informadas. Hoy la movilidad corporativa ya no se puede gestionar sin trazabilidad ni sin indicadores claros. Eso es lo que aporta valor a las empresas.
Además, es importante que el coche compartido no se plantee como una solución aislada, sino como parte de un ecosistema más amplio que incluya otras alternativas y que esté alineado con la política de movilidad de la compañía. Cuando todo esto se acompaña de incentivos adecuados, tanto económicos como operativos, la adopción crece de forma muy significativa y sostenida en el tiempo, porque la clave no está en sustituir unas opciones por otras, sino en integrarlas bien dentro de una movilidad corporativa más completa. En Joinup creemos que, con los servicios adecuados, lo importante es trabajar como un sastre y hacer un traje a medida de las necesidades concretas de cada cliente.
Impacto más allá del tráfico
NM.- ¿Qué impacto puede tener en tráfico, emisiones y movilidad urbana esta modalidad de transporte?
E.P.- El impacto potencial es muy relevante porque actúa sobre uno de los grandes focos de ineficiencia, que son los desplazamientos al trabajo. En España, la mayoría de los empleados sigue utilizando su vehículo privado y, en muchos casos, con una sola persona por coche, lo que genera un uso muy poco eficiente del espacio y de los recursos. Compartir esos trayectos reduce el número de vehículos en circulación, alivia la presión sobre el aparcamiento y contribuye a disminuir tanto la congestión como las emisiones. Además, tiene la ventaja de que no requiere grandes infraestructuras nuevas, sino una mejor gestión de la capacidad ya existente.
Desde el punto de vista de la empresa, además, el impacto deja de ser teórico y pasa a ser medible. Eso permite entender qué está funcionando, ajustar las políticas y escalar las soluciones que realmente aportan valor, tanto en términos ambientales como operativos, favoreciendo además que servicios como el taxi se utilicen allí donde realmente aportan más valor dentro del sistema de movilidad.
NM.- Desde Joinup trabajan precisamente en la movilidad de las empresas desde hace años, por lo que conocen bien el ecosistema corporativo de nuestro país. ¿Han notado cambios en cómo se desplazan los trabajadores?
E.P.- Hemos visto un cambio muy claro en cómo las empresas entienden la movilidad y, en consecuencia, en cómo se desplazan los empleados. Antes predominaba una visión más operativa, centrada en resolver el traslado, mientras que ahora entran en juego variables como la sostenibilidad, la experiencia del empleado, la eficiencia o la trazabilidad.
El modelo híbrido también ha transformado los patrones de desplazamiento. Los trayectos son menos frecuentes, pero más exigentes en términos de flexibilidad, comodidad y previsibilidad. Esto obliga a las empresas a replantear sus políticas y a ofrecer soluciones más adaptadas a nuevas dinámicas laborales. Además, ha crecido mucho la importancia del dato ambiental. Cada vez más compañías quieren entender el impacto real de su movilidad y tomar decisiones en base a ello. Esto marca una diferencia importante respecto a hace unos años, cuando este factor tenía un peso mucho menor en la gestión. También observamos una mayor demanda de soluciones combinadas, donde conviven fórmulas compartidas con opciones fiables y flexibles como el taxi para momentos concretos del desplazamiento. Nosotros estamos volcados en que este servicio sea medioambientalmente sostenible sin que la empresa vea alterada su operativa o su dinámica diaria. Por eso trabajamos en que nuestra flora sea ECO y eléctrica. Es la mejor forma de hacerlo posible y lo estamos haciendo bien, ya que casi alcanzamos el 100% de flota ECO en ciudades como Madrid. Lo que significa una reducción de la huella de carbono para nuestras compañías clientes sin cambiar nada.
NM.- En octubre del año pasado impulsaron, junto con Telefónica, un programa de coche compartido. Tras varios meses en marcha, ¿qué valoración hacen? ¿Cómo está siendo la experiencia?
E.P.- La valoración es muy positiva. La experiencia con Telefónica demuestra que, cuando una solución está bien diseñada y responde a necesidades reales, no hace falta forzar su adopción. Se trata de facilitar que personas que ya comparten origen, destino y rutina puedan organizarse mejor, eliminando barreras y simplificando el proceso.
El proyecto ha permitido reducir la presión sobre el parking, ordenar los desplazamientos diarios y, sobre todo, medir de forma precisa el impacto en términos de emisiones y eficiencia. Este último punto es especialmente relevante porque permite a la empresa entender el valor real de la iniciativa y tomar decisiones a futuro con mayor seguridad.
Más que una iniciativa puntual, es un ejemplo de cómo el carpooling puede integrarse de forma natural en la movilidad corporativa cuando se plantea desde la utilidad, la tecnología y el dato. Telefónica es un caso claro de una apuesta transversal: utilizan nuestro servicio de taxi corporativo, el de parking y ahora el de carpooling. Con todo ello alcanzan su objetivo de movilidad sostenible.
Un cambio de mentalidad y una apuesta por la sostenibilidad
NM.- ¿Considera que las personas que en su entorno laboral apuestan por una movilidad corporativa sostenible pueden trasladar esas mismas buenas prácticas a su vida privada?
E.P.- Sí, sin duda. Cuando una persona experimenta que puede moverse de forma más eficiente, ahorrar costes o reducir estrés en su entorno laboral, cambia su forma de entender la movilidad en general.
La sostenibilidad deja de percibirse como un esfuerzo y pasa a entenderse como una manera más inteligente de hacer las cosas. Ese cambio es clave, porque las decisiones sostenibles se consolidan cuando aportan valor tangible en el día a día. Además, estas experiencias ayudan a normalizar nuevas formas de moverse, lo que facilita que se adopten también en la vida personal, generando un efecto multiplicador que va más allá del entorno corporativo.
Prueba de ello es que nosotros, que somos un proveedor de movilidad centrado en las empresas, cada vez vemos cómo suben más y más las demandas de los empleados de modo personal, y es que la sostenibilidad va unida a una calidad de servicio a la que no quieren renunciar en su vida privada.
NM.- Para terminar, ¿cómo ve la movilidad corporativa del futuro?
E.P.- La movilidad corporativa del futuro no va de mover coches: va de cuidar mejor a las personas. Durante años hemos hablado de desplazamientos como si fueran un trámite, pero no lo son. Son tiempo, energía mental y, muchas veces, una de las partes más ingratas del día. Y eso, para una empresa, ya no puede ser invisible.
Además, el contexto obliga a tomárselo en serio: el transporte sigue siendo responsable de aproximadamente una cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE, y la carretera concentra cerca de tres cuartas partes de las emisiones del transporte. Y, al mismo tiempo, seguimos hablando de algo muy cotidiano: en la UE, el tiempo medio de desplazamiento al trabajo ronda los 25 minutos por trayecto. Es decir, no estamos ante un asunto técnico o lejano, sino ante un tema que impacta cada día en la huella ambiental de las empresas y en el bienestar real de las personas.
Por eso yo creo que el futuro será mucho menos improvisado y mucho más inteligente. Más intermodal, más eléctrico, más compartido cuando tenga sentido, y mucho más medible. En España, de hecho, esto ya no es solo una aspiración: la Ley 9/2025 y su desarrollo posterior obligan a que los centros de trabajo con más de 200 personas trabajadoras, o 100 por turno, tengan planes de movilidad sostenible al trabajo en un plazo de doce meses desde la entrada en vigor de la ley. Eso cambia la conversación: la movilidad deja de ser “cómo llegamos” para convertirse en “cómo cuidamos, cómo organizamos y cómo reducimos impacto sin complicarle la vida a nadie”.
Y hay algo importante: el futuro no será mejor por ser más tecnológico, sino por ser más humano. La mejor movilidad corporativa será la que no robe tiempo, no genere estrés y no obligue a elegir entre comodidad y responsabilidad. La que funcione tan bien que casi desaparezca. Esa es, para mí, la buena movilidad del futuro: menos fricción, menos emisiones y mucha más tranquilidad.


