La conversación sobre el coche eléctrico como el futuro ineludible de la movilidad es cada vez más intensa. Vemos titulares sobre nuevos modelos, avances en baterías y objetivos de descarbonización que parecen situarnos en el umbral de una nueva era. Sin embargo, más allá del entusiasmo general, la transición en España tiene sus propios matices, desafíos y sorpresas.
El último "Barómetro de la Electromovilidad" de ANFAC, correspondiente al tercer trimestre de 2025, ofrece una radiografía precisa y sin filtros de la situación. Lejos de ser un camino lineal, el despliegue de la electromovilidad en el país es una historia de contrastes, donde un mercado que parece acelerar choca con una infraestructura que aún no está a la altura. Este artículo desvela los cuatro hallazgos más impactantes del informe, que dibujan un panorama mucho más complejo de lo que parece a simple vista.
Casi 1 de cada 4 cargadores está fuera de servicio
Uno de los datos más alarmantes que revela el informe es la cantidad de infraestructura que, aunque instalada, no está disponible para los usuarios. Según los datos del tercer trimestre de 2025, en España hay 14.643 puntos de recarga de acceso público fuera de servicio, ya sea por averías, mal estado o por no estar aún conectados a la red eléctrica.
Esta cifra representa un asombroso 22% del total de la infraestructura instalada. Para ponerlo en perspectiva, el dato más contundente es que, si estos puntos estuvieran operativos, España ya habría superado con creces su propio objetivo para 2024. Esta "red fantasma" no solo frena el progreso real, sino que erosiona la confianza de los conductores, un pilar fundamental para acelerar la adopción del vehículo eléctrico, transformando la búsqueda de un punto de carga en una lotería y alimentando la "ansiedad de autonomía" incluso cuando un cargador está físicamente a la vista.
Si estos puntos estuviesen operativos, en España habría 66.750 puntos de recarga de acceso público, superándose el objetivo de 64.000 para 2024 planteado por ANFAC.
La carga lenta, el gran obstáculo para los viajes largos
No basta con tener muchos cargadores; su potencia es clave, y es aquí donde se evidencia otra debilidad estructural de la red española. El 69% de los puntos de recarga de acceso público son de baja potencia (igual o inferior a 22 kW). En términos prácticos, esto se traduce en tiempos de recarga mínimos de 3 horas, una cifra poco compatible con la dinámica de los viajes modernos.
El problema se agrava en las rutas interurbanas, el escenario donde la carga rápida es más necesaria. En estas vías, el 57% de los puntos son también de baja potencia, lo que convierte los viajes largos en una tarea de planificación compleja y poco práctica. El propio informe califica el uso de estos cargadores lentos en carretera como "inasumibles" y los identifica como un "punto crítico para el despliegue del vehículo eléctrico como vehículo de 'todo uso'". Estas carencias en la red de carga son la causa directa del comportamiento del mercado que veremos a continuación.
El secreto del mercado "electrificado" español
Cuando se habla de ventas de "vehículos electrificados", se suele meter en el mismo saco a los eléctricos puros (BEV) y a los híbridos enchufables (PHEV). Sin embargo, la composición de este mix revela mucho sobre la madurez de un mercado. El informe analiza este aspecto a través del "Indicador de Vehículo Eléctrico Puro sobre el Mercado Electrificado", donde España obtiene una puntuación de 63,3 sobre 100.
Este dato, aislado, podría no decir mucho, pero el contexto es revelador: es la puntuación más baja entre todos los países europeos analizados. España se sitúa muy por debajo de líderes como Francia (91,7) o Noruega (93,7). Esto significa que la penetración de la electromovilidad se apoya en gran medida en los híbridos enchufables, a diferencia de la tendencia en los mercados más avanzados.
Esta fuerte dependencia de los híbridos enchufables sugiere un mercado que responde más a los incentivos fiscales y al "etiquetado verde" que a una confianza plena en la infraestructura 100% eléctrica. Es una transición a medias, donde los conductores compran la promesa de la electricidad sin abandonar la seguridad de la gasolina, una clara señal de la "ansiedad de infraestructura" que generan los problemas de la red.
España acelera, pero a distintas velocidades
A pesar de los desafíos estructurales, el informe también revela una dinámica de progreso, aunque desigual. Existe una gran diferencia regional en el avance de la electromovilidad. Madrid lidera de forma destacada el ranking nacional con un indicador global de 31,1 puntos, muy por encima de la media española, que se sitúa en 21,2 puntos.
En el contexto europeo, España sigue por detrás de la media de la UE-27 (34,1), pero hay una nota optimista. En el último trimestre, nuestro país registró el segundo mayor avance de Europa en el último trimestre, empatado con Alemania (+2,5 puntos) y solo por detrás de Noruega. Este ritmo de crecimiento está permitiendo a España comenzar a alejarse del "grupo de cola" del continente. La conclusión es una dualidad clara: estamos lejos de la meta, pero mostramos uno de los ritmos de mejora más rápidos de Europa.

