En un momento en que las ciudades generan el 80% de las emisiones de CO₂, el reto energético ya no se resuelve edificio por edificio. Nuevas investigaciones apuntan a una solución más ambiciosa: coordinar barrios enteros donde los coches inteligentes participen activamente en la producción, almacenamiento y uso de energía.
Del edificio al barrio conectado
Según la revista Sustainable Futures Journal, gestionar la energía a escala de distrito —y no solo en inmuebles individuales— puede reducir de forma significativa el desperdicio energético. Y en esa red urbana, el vehículo eléctrico conectado y bidireccional (V2G) cobra un protagonismo clave.
“El coche inteligente ya no es solo un medio de transporte. Puede actuar como batería móvil, equilibrador de red e incluso como nodo de datos en tiempo real”, explica Donatas Karčiauskas, CEO de Exergio, firma que desarrolla plataformas de gestión energética con inteligencia artificial.
Ámsterdam y Copenhague muestran el camino
Ciudades como Ámsterdam y Copenhague ya están poniendo en marcha Distritos de Energía Positiva (PEDs). Se trata de zonas urbanas donde los edificios, las infraestructuras de movilidad y los vehículos se integran para generar más energía de la que consumen.
En estos barrios, los coches eléctricos inteligentes juegan un papel fundamental en el almacenamiento distribuido de energía y en la respuesta dinámica a la demanda. La conexión en tiempo real entre sistemas permite que un coche aparcado aporte energía al edificio en hora punta, y recargue cuando la red esté menos saturada.
Digitalización y normativas: el gran reto
El Informe 2025 de la Agencia Internacional de la Energía (IEA) destaca que la clave para que estos sistemas funcionen está en la coordinación digital y la alineación normativa. Son necesarios marcos comunes de intercambio de datos entre vehículos, edificios y redes eléctricas, así como políticas públicas que fomenten este ecosistema urbano.
“Aunque tengamos los mejores coches eléctricos, si no se comunican con el entorno, no aprovechamos su potencial”, advierte Karčiauskas. “El futuro energético de las ciudades depende de cómo se conectan y responden todos los elementos urbanos, incluido el vehículo”.
Urban Labs: donde se prueba el coche como actor energético
En Europa, varias ciudades ya están testeando estos modelos en laboratorios urbanos: barrios experimentales donde se integran paneles solares, climatización predictiva y plataformas V2G. En ellos, los coches inteligentes no solo se cargan, sino que devuelven energía a la red o al edificio cuando es más eficiente.
Además, gracias a la inteligencia artificial, los sistemas de gestión pueden adaptar el comportamiento del coche según factores como el clima, la ocupación de los edificios o el precio de la energía en tiempo real.
Un cambio de mentalidad: de movilidad a infraestructura energética
Karčiauskas resume el futuro cercano:
“El coche del mañana no se define solo por cómo se mueve, sino por cómo se comporta dentro del sistema energético urbano. Si es inteligente, debe ser también parte activa del equilibrio energético del barrio.”