Las apps de movilidad compartida ganan terreno en España

En los últimos años, las aplicaciones de movilidad compartida han pasado de ser una novedad a convertirse en una herramienta cotidiana para millones de personas en España. Más allá de su carácter tecnológico, estas apps reflejan cambios profundos en la manera en que nos movemos, trabajamos y vivimos en las ciudades.

Una adopción generalizada, con uso intensivo

Según el último informe del RACC y la FIA, el 97 % de los españoles utiliza alguna app de movilidad. De ellos, el 44 % las usa cada día, una cifra que triplica la media europea (15 %).

Las más comunes son las apps de transporte público y navegación, como Google Maps o Moovit; las plataformas de VTC como Uber, Cabify, Bolt o Free Now; los servicios de carsharing como Free2move, Wible o Zity; y las apps de alquiler entre particulares, como Amovens o Getaround.

Esta proliferación de opciones ha provocado que muchos usuarios combinen varias herramientas según sus necesidades, horarios o ubicación.

Más allá del coche propio

En 2024 se registraron casi 3,9 millones de trayectos mediante carsharing en España. Además, el 66 % de estos vehículos fueron eléctricos, lo que contribuyó a evitar más de 5.000 toneladas de emisiones de CO₂, según datos de la Asociación de Vehículos Compartidos de España (AVCE).

Frente a un parque móvil tradicional envejecido —con una media de 14 años—, los coches compartidos tienen una media de 3,6 años de antigüedad y suelen contar con tecnologías de seguridad avanzadas. Esto convierte al carsharing en una opción no solo más sostenible, sino también más segura.

Perfiles y hábitos de uso

El usuario tipo de estas apps suele tener entre 25 y 55 años, con un perfil urbano, digitalizado y con acceso habitual a varias formas de movilidad. Muchas personas las utilizan de manera ocasional, pero un 14–21 % declara usarlas con frecuencia, varias veces al mes o incluso cada semana.

También el ámbito empresarial ha comenzado a integrar estos servicios. Un estudio reciente indica que el 57 % de las empresas en España utiliza VTC para desplazamientos corporativos, especialmente en entrevistas de trabajo y reuniones con clientes.

Ventajas para la ciudad y sus habitantes

Las apps de movilidad compartida aportan beneficios concretos para la vida urbana. Por un lado, reducen la dependencia del vehículo privado, permitiendo liberar espacio urbano destinado al aparcamiento. También aumentan la eficiencia del uso del coche, que en propiedad suele estar parado el 95 % del tiempo.

Otro aspecto clave es la sostenibilidad. Al facilitar el acceso a vehículos eléctricos o híbridos, estas plataformas mejoran la calidad del aire en las ciudades. Además, ofrecen alternativas económicas y flexibles, especialmente valoradas por jóvenes y trabajadores temporales, sin necesidad de asumir el coste de compra y mantenimiento de un coche propio.

Cabe destacar que estas herramientas suelen complementar al transporte público, no sustituirlo. De hecho, los datos indican que el 48,7 % de los ciudadanos sigue eligiendo el transporte público como principal opción de movilidad.

Retos pendientes

A pesar de sus ventajas, las apps de movilidad compartida aún enfrentan algunos desafíos. Uno de ellos es la fragmentación del ecosistema, ya que cada servicio tiene su propia app, tarifas y condiciones, lo que complica la experiencia del usuario. Además, todavía existe cierto rechazo social, especialmente por parte del taxi tradicional, como se ha evidenciado recientemente en el caso de Cabify en Bilbao.

Otro punto crítico es la falta de integración tecnológica y funcional. Según el RACC, el 84 % de los usuarios preferiría una app única que aglutinara todos los servicios de movilidad en una sola plataforma, algo que apenas se ha desarrollado en España.

Las apps de movilidad compartida ya forman parte de la rutina diaria de millones de personas en España. Su crecimiento responde no solo a avances tecnológicos, sino a un cambio de mentalidad: más digital, más flexible y más sostenible.