España, ante el punto de no retorno en la descarbonización del transporte pesado

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El transporte de mercancías por carretera en España no se enfrenta a un reto futuro, sino a una crisis presente. La urgencia es tal que, sin una acción inmediata, el país corre el riesgo de descarrilar en plena carrera europea hacia la movilidad sostenible.

La magnitud del desafío español solo se entiende al compararlo con la ambición y el ritmo de la Unión Europea. Esa comparación revela carencias estructurales y una peligrosa desventaja competitiva que debe corregirse en menos de un lustro. Detrás de los números hay un mensaje claro: falta una política industrial coherente para el transporte pesado.

La UE ha trazado una hoja de ruta climática con plazos inflexibles. Dos metas afectan directamente al sector: alcanzar la neutralidad climática en 2050 y, mucho antes, reducir un 45% las emisiones de CO₂ de los nuevos camiones para 2030. Un objetivo que la propia industria califica de titánico y que exige renovar las flotas a un ritmo sin precedentes.

“La transición no es un horizonte lejano: es mañana”, advierte Marta Blázquez, presidenta de Faconauto.

 

España, a la cola en preparación

Un reciente informe de la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA) sitúa a España en los últimos puestos de Europa en preparación para la descarbonización, evaluando siete indicadores clave.

Los datos son contundentes:

  • Menos del 1% de los camiones matriculados en España son de cero emisiones, frente al 3,6% de la media europea y más del 6% en países líderes como Suecia o Países Bajos.

  • Solo existen 24 cargadores públicos para camiones eléctricos, de los cuales solo 4 están operativos, frente a los más de 1.000 en Europa.

  • No hay ninguna estación de hidrógeno para vehículos pesados en todo el territorio nacional.

  • Y, a diferencia de otros países, España no ofrece incentivos directos ni deducciones fiscales por la compra de camiones de cero emisiones.

El resultado es un doble cuello de botella que paraliza la transición: falta de infraestructura y ausencia de incentivos eficaces. La escasez de cargadores de alta potencia —tanto en la red pública como en las bases logísticas privadas, donde se concentrará el 80% de las recargas— hace inviable cualquier despliegue masivo. Y la inacción fiscal agrava el problema: España no aplica reducciones de peajes para camiones limpios, una medida que ACEA considera “de las más efectivas”. Este bloqueo no es técnico ni económico: es político. Y requiere una respuesta de igual magnitud.

Un sector fuerte, pero estructuralmente rezagado

El transporte pesado español vive una paradoja. Su fortaleza comercial —con un mercado sólido y en crecimiento— contrasta con una profunda falta de preparación para la descarbonización que impone Bruselas. Es una falsa sensación de seguridad en el momento de mayor riesgo estratégico.

Las matriculaciones de camiones de más de 16 toneladas alcanzarán 25.000 unidades en 2025, un 20% por encima de los niveles prepandemia, consolidando un volumen estable. Para Pilar Fernández, presidenta de la división de industriales de Faconauto, estas cifras demuestran la “resiliencia del transporte profesional en España”.

Sin embargo, Blázquez advierte: cumplir los objetivos europeos exigirá aumentar más de un 50% anual las matriculaciones de camiones de cero emisiones, un ritmo “inviable” en el contexto actual. De ahí su llamamiento a un liderazgo claro del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible y a la creación de una hoja de ruta compartida entre administraciones, fabricantes, concesionarios y operadores logísticos.

A ello se suma otro frente: la falta de talento especializado y el creciente absentismo laboral, factores que amenazan directamente la productividad y competitividad del sector.

Cimientos para la electrificación

Faconauto propone atacar el principal obstáculo —la infraestructura— con dos iniciativas clave:

  1. Un Plan Nacional de Infraestructura de Alta Potencia, que instale 4.000 cargadores de más de 350 kW antes de 2030.

  2. Un programa “Bases Logísticas Cero Emisiones”, que cubra hasta el 60% de la inversión en puntos de recarga privados, fundamentales para la operativa de las flotas.

En paralelo, el plan de renovación de flotas adopta un enfoque dual:

  • Incentivos al achatarramiento para la adquisición de camiones Euro 6 nuevos o seminuevos.

  • Un programa específico para vehículos de cero emisiones, con financiación verde canalizada a través del ICO.

Estas medidas se complementarían con un paquete de reformas fiscales y regulatorias:

  • Implantación de peajes CO₂ con exención total para camiones y autobuses de cero emisiones hasta 2031.

  • Deducción del 15% en el Impuesto de Sociedades por la compra de vehículos industriales sostenibles.

  • Bonificación total del Impuesto de Circulación para flotas de cero emisiones.

El plan también reconoce un papel de transición para los combustibles sintéticos, especialmente en segmentos donde la electrificación aún no es viable.

Una década decisiva

España entra en una década crítica para su transporte pesado. El retraso en la descarbonización no solo pone en riesgo los objetivos climáticos europeos, sino también la competitividad de un sector estratégico.

Pero la urgencia no debe conducir a la parálisis. Con decisión, coordinación institucional y una visión industrial a largo plazo, España aún puede convertir este desafío en una oportunidad histórica para modernizar su logística, fortalecer su industria y consolidar una movilidad verdaderamente sostenible.